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De la vida...

por raffcruzv
jueves, 26 de enero del 2012 a las 19:08

 

   No hay peor pecado que la indeferencia.

Indiferencia:

1. f. Estado de ánimo en que no se siente inclinación ni repugnancia hacia una persona, objeto o negocio determinado. (Real Academia de la Lengua)

¿Estado de ánimo? Lo limitaría a un simple Estado. Un mero 'estar', una stasis, el ser estático, precisamente el no tener inclinación, un estado puramente vertical en donde no existe ánimo, animae, alma. El indiferente es un desalmado.

La presunción, o la imaginación tal vez, de que ya se encuentra en un estado de comfort, de consuelo, un consuelo imaginario que se presupone y gracias al cual el actuar se limita a mantener ese status quo, donde esa comodidad y consuelo personales imperan antes que nada y antes que nadie.

Y vamos por la vida como rocas. Las piedras rodando se encuentran; y seguirán rodando porque ya dieron de sí, soltaron el peso en el barranco y no se inmutan. Son indeferentes ante el destino y ante cualquier circunstancia. Nada las detiene. Millones de rocas cayendo en todas las direcciones posibles. No encuentran necesidad de interacción alguna, al menos que se lleguen a cruzar, y chocan, y pierden un poco de sí, y se molestan, y siguen su camino, siguen su caída.

No es que nieguen su destino, como lo entiende Ortega y Gasset. No es la rebelión de estas rocas, compuestas de masa, no es 'la rebelión de las masas'. Mejor dicho, no se interesan de su destino. Son indiferentes ante el mismo. Si es grande, si es corto, si es lejano o cercano, no importa. Sólo van metro por metro camino abajo. Cada giro de su declive es lo importante, pues viven al día: carpe diem.

Si bien 'la era está pariendo un corazón', no es un parto natural. Donde dolor y alegría se combinan. Donde el sudor empapa el cuerpo y la respiración es intrincada. Un barco de emociones que embiste sobre el cuerpo y sobre el alma. La mujer, premiada y castigada con este don, lucha por cada suspiro en el acto natal. Esta época no siente nada al parir este corazón. Está anestesiada mientras el bisturí abre su vientre. El doctor ruega que el corazón nazca vivo; pues no escucha su latir.

La indeferencia es ante la existencia misma, que es lo mismo que no existir. Incluso ser nada es un estado mayor. La indeferencia es ante sí mismo, y si uno se niega a uno mismo, no existe, no es, sólo está. Y el no ser es la fatalidad; el suicidio del espíritu.

Lógicamente esta indiferencia se extiende a cualquier aspecto de la humanidad y del mundo. Indiferencia ante el hambre; ante la injusticia; ante la guerra; ante el armamento; ante la miseria; ante el sufrimiento; ante la muerte misma. El ser mortal que pierde el miedo a la muerte, le pierde el respeto a la vida. Si se le pierde el respeto a la vida, ya no queda nada digno y todo se abstrae de su esencia para darle utilidad dentro del contexto. Todo se encuadra. Todo se especializa. La vida ya no es una serie de momentos inevitables e imprescindibles. Nada es categórico. La vida es para 'algo' en especial. La existencia ya no es sufrimiento; la lucha se da por perdida, entonces sólo nos presentamos al campo de batalla a hacer un simple acto de presencia. La victoria ya no da satisfacción. La satisfacción se encuentra por sí misma; sola, pura, sin causa ni efecto. La vida resulta la satisfacción misma. Nos sentimos satisfechos simplemente por vivir. Nos pensamos suficientes en la insuficiencia. ¡Qué manera de engañarnos!

¿Dónde quedó el arte de vivir? ¿El ars vivendi? ¿El 'acto' de vivir? ¿El hecho humano de vivir? La vida debiera parecerse al sentimiento que provoca abrir un nuevo libro. El olor que despide el papel. El deleite de la pupila al no saber lo que Tolstoi le tiene preparado. O debiera parecerse al encuentro inimaginado con el Cristo de Velázquez. La vida debiera ser contemplación. Se debe entender que no es precisamente propiedad de uno. Sino una obra de arte que nos va a presentar dificultad de comprensión, por momentos, y el enfrentamiento con la belleza, por otros. Tanta belleza que no sabremos qué hacer con ella. Belleza que si no cuidamos, se nos escurrirá entre los dedos. 

En esta vida debemos de tener una inclinación y mantenerse en el ángulo de la misma. No se trata de soltar el peso, sino de sportarlo. 

Se trata de vivir. De andar el camino con los ojos bien abiertos. Entender que no se está solo y no existe razón para estarlo. Buscar un sentido digno, para que en la hora final, seamos capaces de enviarle a la vida el mismo mensaje que envió el Quijote a Dulcinea: 'dirás a la incomparable señora mía Dulcinea, que su cautivo caballero murió por acometer hazañas que le hiciesen digno de poder llamarse suyo'. 

Hagámonos de la vida. Apasionémonos de la vida. Y hagámonos dignos de poder llarmanos suyos. 

 

 Rafael Cruz Vargas.

@Raff_Cruz_V 

 

 


 

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Comentarios sobre De la vida...

Anónimo Anónimo

Me hiciste enojar. ¿Contemplación? Iba rápido leyendo tus palabras y de repente me paraste en seco: ¿Contemplación? ¡La vida no debe ser contemplación! ¡No, no y no! La vida es un movimiento constante supeditado a una fuerza inexplicable, si es que vives deberías formar parte de esa marea indomable. Observa tu propio instinto de supervivencia ¿Qué lo determina? ¿Qué lo mueve?

Me abruma pensar en esa indiferencia que dices, que describes desdeñando el sentimiento de no existencia. Y la describes casi absoluta, como tratando de imaginar el vacío, pensar en eso es comparable al sentimiento que provoca pensar que Dios existe, o que no existe, como una afirmación absoluta y determinante. No hay esa indiferencia que tú dices, no en humanos, porque sería no sentir y no sentir no es humano. Muchos “no’s” entrelazados en mis palabras ¿no? Pues es que tus ideas me despertaron negativas. ¡NO! Jamás la vida debe ser contemplación. ¡Es que no soporto la idea! Y si tú la vives (“vives”) así, me compadezco.

                La vida es ensuciarte las manos, rasparte las rodillas y limpiarte la sangre, descalabrarte, destruir y reconstruir con esa fuerza inexplicable que corre dentro de nosotros. La vida es no parar.

No parar y desgastarnos las plantas de los pies, las uñas, los labios y la piel. La vida es sentirlo todo, en todo momento, y tratar sólo de recordar no basta. Es correr hasta desgarrarse,  jamás detenerse… no detenerse a contemplar, actuar.

                Tampoco quiero que digas que la vida es una obra de arte, no la encasilles en creaciones tan humanas como efímeras. La vida sobrepasa cualquier obra de arte, y cualquier arte en sí, porque esas obras que mencionas son solo pequeñísimas fugas, válvulas de escape, de ese movimiento constante, son el mejor ejemplo del carácter incontenible de esa pasión que de repente se manifiesta como una pincelada, una nota melancólica, una palabra bien lograda, una mirada, un beso…

                Pero si, puede ser eso que dices, belleza que se enfrenta, pero se enfrenta agresiva y con golpes, que rasguña y empuja. Que nos hace amar. Por eso yo la veo más bien como Amor y Trabajo, eso es como yo la entiendo, no hay más que eso, que el Amor y el Trabajo, ambos apasionados y consumiendo nuestros instantes, como alimento a nuestro ser.

                Y si tú crees que “esta época no siente nada al parir este corazón” tal vez no te has empapado de ella, tal vez no eres un hombre que viva su propia época, tal vez eres tú el indiferente, el que no siente, o el que no ve. Es eso, o menosprecias los sacrificios de nuestros tiempos anhelando tú, las hazañas de los muertos del pasado, luchando su época. Lucha la tuya, porque esta también está llena de convulsiones, de noches de angustia y mañanas esperanzadas, esta permeada de una búsqueda casi desesperada de solución, una salida a un sistema que nos corroe y nos rompe los huesos atándonos a sus pasos, que parecen indestructibles. ¿No te has roto la cabeza por las noches, tratando de imaginar cómo, no ya solucionar, sino aflojar un poco esas ataduras, mitigar el dolor que enfrenta una sociedad en miseria? Si no lo has hecho, hazlo, estréllate contra el vidrio. Porque se sufre y llora… y se ama. Y duele tanto este amar al mundo y a la vida, y al deseo de libertad, tanto duelen que muchos se han cansado ya, y tú crees que es indiferencia. Es un reposo esperanzado, también es válido el descanso, porque cuando se siente de verdad, cuando se “anda el camino con los ojos bien abiertos” y se vive con pasión, se siente demasiado y te digo, no somos dioses, somos humanos, perfectibles y agotados. El problema de esta época no solo nos rodea, parece sobrepasarnos y se erige triunfante en cada ley que promueve el beneficio de pocos succionando la sangre de muchos, midiendo con dinero la dignidad de las personas. Es una tarea extenuante que requiere todo nuestro ingenio, y todas nuestras fuerzas, que requiere Amor y Trabajo.

Me parece hermoso que te refieras a la vida como una serie de momentos inevitables e imprescindibles. A lo que yo agregaría fortuitos y recuerdo a Borges: “Nuestras nadas poco difieren, es trivial y fortuita la circunstancia de que tú seas el lector de estos ejercicios y yo su redactor”.

Recuerda: Amor y Trabajo. Y al pedirte que lo recuerdes retoco el tatuaje en mi mente, porque también los tatuajes mentales se borran y decoloran. Te agradezco me hayas llevado a esta mini reflexión, con todo y sus baches y confusiones enredadas. De la vida, como lo dirían los Fabulosos:  “la vida es para vivirla”, suena redundante y torpe pero es sincero y acertado. Tú mencionas a Ortega y Gasset, yo también saco lo fino de mis gustos y te dejo estos versos:

Si te detienes el corazón se atora,

lo que no se mueve no se mejora.

Se enferma y se queda quieto,

no se reproduce, envejece sin nietos.

Por eso no hay excusa para el que no menea,

si no tienes cuerpo menea las ideas.

¡Por dios menea lo que sea!

                                               Todo se mueve

 Calle 13

Estimado 'Anónimo' (algún nombre u otra referencia a tu individualidad, sin necesidad de revelación alguna, hubiera sido mejor para no referirme a algo tan indeterminado como un Anónimo).

      En ejercicio de mi derecho de réplica, sólo quiero decirte que me encanta la idea de haber despertado en ti cierta 'repugnancia' a mi modo de ver las cosas. Es en verdad inspirador haber inquietado tu intelecto y en verdad me halaga, sutilmente tal vez, pero me halaga. 

       En cuanto a tu enojo (discúlpame, esa nunca fue la intención) creo que no logré explicarme en cuanto a la 'contemplación'. La contemplación es todo menos detenimiento. Si bien, requiere la quietud del cuerpo, en algunas situaciones. No quise 'encasillar' la vida en una obra de arte. A la vida, como bien refieres, no se le puede encasillar, es libre de por sí. La cuestión es cómo es que ejerce, o dejamos que ejerzca esa libertad. Con un sentido, o sin él. La obra de arte, y la contemplación a la misma es un símil, no un encierro o enmarcación alguna. Si bien, el cuadro se nos presenta así, enmarcado, lo que existe dentro es libertad pura, y movimiento, y el acto de contemplar una obra de arte parecida es todo menos quietud. Borges le llama la 'experiencia estética'. Un encuentro excitante con un pedazo de verdad, de pureza, como lo es la manifestación artística. El símil está en buscar que la vida se nos presente como eso (insisto, es meramente un símil), como una experiencia tan desgarradora como satisfactoria como lo dices tú. Sin embargo, en los tiempos en los que vivimos, no me lo podrás negar, preferimos la comodidad. Y así, cómodamente nos soltamos a la vida. La misma vida, siempre libre, pero a veces sin sentido. Ojalá todos estuvieran dispuestos a ensuciarse las manos y a romperse las piedras en pro de un sentido digno. Sí, tal vez sea sólo mi espíritu romántico de añorar épocas doradas que nunca conocí. Pero creo que sí hay algo de bastante criticable en este mundo y en este tiempo en el que tu y yo coincidimos.

     De nuevo gracias. Siempre es motivante para un intento de escritor levantar ideas, o pasiones, o emociones (como tu rabia). 
 
        Atte. Rafael Cruz Vargas.
                  @Raff_Cruz_V

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raffcruzv

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De la vida... (raffcruzv)
Estimado 'Anónimo' (algún nombre u otra referencia a tu individualidad, sin necesidad de revelación ......(27 ene)
De la vida... (Anónimo)
Me hiciste enojar. ¿Contemplación? Iba rápido leyendo tus palabras y de repente me paraste en seco: ......(27 ene)
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